Rodrigo Escribano Roca
En esta tercera entrega, el texto explora la idea de que el poder no solo es un medio para alcanzar fines como la seguridad o el placer. También puede ser tenido por un fin en sí mismo. A lo largo del mismo inicio la explicación sobre las que he llamado las “teorías finalistas” del poder, según las cuales los seres humanos experimentan satisfacción simplemente al ejercer su voluntad sobre el mundo. Sugeriré que esta tesis se remonta a la tradición filosófica clásica. Platón, en La República, distingue una parte del alma —la irascible— cuya motivación es la búsqueda de honores y reconocimiento, ambos íntimamente relacionados con el poder. Esta dimensión autónoma explica comportamientos que no responden a la lógica utilitarista. El pensamiento cristiano y autores como Aristóteles asumieron también esta pasión por el poder, aunque subordinándola al bien. En próximas entregas se abordará la tradición realista, que acepta el poder en toda su desnudez.