Frente a los movimientos que reclaman justicia para los crímenes del pasado, los responsables políticos buscan el postureo. El presidente francés Emmanuel Macron se ha apoyado en varios historiadores complacientes para convertir las cuestiones de “memoria histórica” en un arma estratégica tanto en política interior como en el ámbito diplomático. África constituye el principal objetivo de lo que parece ser una táctica de blanqueo intelectual.