La Georgia postsoviética no mostró más que desdén por los edificios modernistas construidos en tiempos de la URSS. Sin embargo, estos revelaban una auténtica inventiva arquitectónica, una sensibilidad estética a menudo aguda y una atención al bien común y a la utilidad social. Hoy, algunos entusiastas se esfuerzan por salvar de la ruina y del olvido este patrimonio abandonado.