Paula Ortí
Este artículo explora cómo integrar las ciencias comportamentales en la política regulatoria y, en particular, en la evaluación de impacto normativo, desde una doble perspectiva. Primero, se examina la necesidad de adaptar el proceso de evaluación para tomar en consideración el comportamiento real de las personas y destinatarios de la regulación. Segundo, se analizan los sesgos cognitivos que repercuten en la preparación y uso de las evaluaciones en el ejercicio de la potestad reguladora y se formulan propuestas para minimizarlos. Se concluye que las evidencias conductuales no solo pueden mejorar la eficacia de las evaluaciones de impacto normativo, sino también la gobernanza regulatoria, contribuyendo a promover un derecho más eficaz y transparente
This article explores how to integrate behavioral sciences in regulatory policy and, in particular, in regulatory impact assessment, from a twofold perspective. First, it examines the need to adapt the assessment process to take into account the actual behavior of the people and recipients of the regulation. Second, the cognitive biases that affect the preparation and use of assessments in the exercise of regulatory power are analyzed and proposals are made to minimize them. It is concluded that behavioral evidence can not only improve the effectiveness of regulatory impact assessments but also regulatory governance, helping to promote a more effective and transparent law.