La entidad de la vacunación hace que esté rodeada de un buen puñado de cabos y derivaciones. Una de ellas atañe a la posición de los profesionales sanitarios. Sobre ellos descansa el pilar más trascendente de cualquier política de vacunación, de modo que si un profesional sanitario abrace planteamientos negacionistas, sustente tesis anticientíficas y haga gala de ello puede tener consecuencias y efectos disfuncionales que no pueden dejar indiferente al poder público. El TEDH, en el caso Bielau c. Austria, nos ilustra acerca de la dificultad de establecer límites al ejercicio de la libertad de expresión en el ámbito médico y del papel de los colegios profesionales en defensa de la deontología. El caso nos invita a cavilar acerca de la importancia de diseñar estrategias eficaces de educación, transparencia e información a fin de reforzar los fines de la vacunación.