México, Palestina, Israel, Marruecos, el Sáhara Occidental, Argentina, Ucrania y, por supuesto, Venezuela: ningún rincón del mundo está a salvo de la discrepancia pública entre los partidos políticos españoles. La mala noticia, en España y en la UE, no es «el inequívoco aumento de las discrepancias en cualquier asunto de política internacional», tampoco «la consiguiente irrelevancia de nuestra política exterior», sino, en opinión de Moltó, «la incapacidad de llegar a los compromisos que está demandando la sociedad en el espacio central del espectro político».