Seguimos sin tener una respuesta a la pregunta de cómo hacer que la derecha radical regrese a los márgenes o, al menos, pierda la capacidad que tiene hoy para marcar la agenda de las democracias occidentales y degradar el orden liberal. A medio plazo, serán el poder y la gestión, y no los cordones sanitarios, los que acabarán frenando el auge de estos movimientos, al menos en la Europa occidental.