Un presidente de la República marginado, un primer ministro a punto de marcharse, una población exasperada. ¿Se aferrará el poder francés a su plan de austeridad, consistente en extorsionar a los asalariados, jubilados y enfermos para financiar al Ejército y sanear las cuentas? ¿Seguirá el Estado cebando a las grandes empresas con fondos perdidos?