La producción mundial de plástico, uno de los contaminantes más temibles para el planeta, podría triplicarse de aquí a 2060, salvo que un tratado vinculante consiga limitarla. Tal perspectiva no ha impedido que una sexta y última ronda de negociaciones internacionales fracasara el pasado 15 de agosto. Una minoría de países petroleros y gasísticos, acompañados por un ejército de lobistas, sabotean sistemáticamente las conversaciones.