México
Este texto parte de una investigación en la que se exploran los significados que jóvenes de élite atribuyen al consumo de corridos tumbados, un subgénero que, aunque popular entre la clase alta, sigue asociado a sectores de clase baja y a la cultura popular. A partir de entrevistas semiestructuradas, se reflexiona sobre los retos de construir rapport en investigaciones entre pares y sobre cómo el perfil de la investigadora operó como un dispositivo disciplinario de clase que condicionaba los relatos. Se argumenta que la propia clase social, encarnada en el fenotipo hegemónico, limitó la apertura sobre gustos considerados “culposos”. Solo al transgredir, junto con ellos, los mandatos de clase, se dejó de ocupar el lugar de quien juzga y con ello se habilitó un espacio de confianza en el que se reconoció su transgresión.
This text draws from a research project to explore the meanings that elite youth assign to the consumption of corridos tumbados, a subgenre that, while popular among the upper class, remains associated with workingclass sectors and popular culture. Based on semi-structured interviews, the study reflects on the challenges of building rapport in peer-to-peer research and on how the researcher’s own profile operated as a class-based disciplinary device that shaped participants’ narratives. It is argued that social class, embodied in a hegemonic phenotype, restricted openness around tastes perceived as “guilty pleasures.” It was only by transgressing class mandates alongside the participants that the researcher ceased to occupy the position of the one who judges, thus enabling a space of trust in which participants could acknowledge their own transgressions.