La desinformación representa una amenaza híbrida cada vez más compleja para la Unión Europea, especialmente desde 2014. Este trabajo analiza cómo actores estatales y no estatales, principalmente Rusia y China, han utilizado narrativas manipuladas para socavar la democracia, polarizar la opinión pública y desestabilizar procesos electorales. Se examina el concepto de desinformación y FIMI (Manipulación e Injerencia de la Información Extranjera) y su impacto en la esfera pública europea. A través del análisis de casos en Ucrania, Reino Unido, Alemania, Italia, Francia y España, se ilustra la estrategia de penetración discursiva de dichos actores. Asimismo, se revisan las respuestas institucionales de la UE: el Grupo de Trabajo Stratcom, el Plan de Acción contra la Desinformación, el Código de Buenas Prácticas, la Ley de Servicios Digitales y la Brújula Estratégica, entre otros instrumentos. La investigación subraya que, aunque se ha avanzado en la coordinación institucional y en la regulación de plataformas digitales, persisten desafíos críticos, como la falta de una narrativa propia de la UE, la escasa alfabetización mediática y los riesgos de sobrerregulación. La UE debe fortalecer su resiliencia democrática sin sacrificar los valores fundamentales de libertad de expresión y pluralismo informativo.
Disinformation has become an increasingly complex hybrid threat to the European Union, especially since 2014. This paper analyzes how state and non-state actors—mainly Russia and China—have used manipulated narratives to undermine democracy, polarize public opinion, and disrupt electoral processes. It explores the concepts of disinformation and FIMI (Foreign Information Manipulation and Interference) and their effects on the European public sphere. By examining cases in Ukraine, the UK, Germany, Italy, France, and Spain, the paper illustrates the discursive penetration strategy of these actors. It also reviews the EU’s institutional responses, such as the Stratcom Task Force, the Action Plan Against Disinformation, the Code of Practice, the Digital Services Act, and the Strategic Compass. Although progress has been made in institutional coordination and digital platform regulation, critical challenges remain. These include the absence of a cohesive EU narrative, weak media literacy, and the risk of overregulation. The EU must strengthen its democratic resilience without undermining fundamental values such as freedom of expression and media pluralism.