Es más necesaria que nunca la lucha contra la desinformación. Necesaria e imprescindible por el bien de la propia vida de las democracias. No debemos olvidar que la mayoría de esa desinformación, por no decir toda, se genera en las redes sociales y no en los medios. Por eso hay que estar vigilantes para impedir la tentación que se observa en muchos Gobiernos, incluso democráticos, de aprovechar la lucha contra la desinformación para intentar aumentar el control sobre los medios, especialmente los críticos. Existe el riesgo de que se perviertan incluso los proyectos creados para proteger los derechos fundamentales de libertad de expresión para medios y ciudadanos y sean retorcidos para lograr fines no deseados en una sociedad democrática. Un ejemplo claro lo estamos viviendo con el Reglamento Europeo sobre la Libertad de los Medios de Comunicación.