La definición de desinformación no puede ser “lo que no nos gusta leer”. No podemos censurar las lecturas que nos resultan incómodas. No podemos caer en la tentación (propia de una Ilustración mal entendida) de que la Verdad es singular, y con mayúsculas, y las mentiras, plurales. Para combatir bien la desinformación hay que hacer dos cosas: golpear a los calumniadores y, sobre todo, reformarnos nosotros mismos.