El Tour de Francia lleva más de un siglo marcando el inicio deportivo y mediático de la temporada estival. En torno a tres de cada cuatro franceses ven al menos una de las 21 etapas, retransmitidas por televisión en 190 países. Pero lejos de ser la tan cacareada ocasión de oro para el desarrollo del ciclismo, este espectáculo deportivo, disociado de la práctica habitual, desnaturaliza una disciplina que, desde su origen, ha explorado muchos otros caminos,