La industria de la inteligencia artificial consume cada vez más energía. Sin embargo, cuantificar su huella de carbono resulta difícil: Silicon Valley no comparte los datos. Por otra parte, el énfasis en cuantificar un peligro no siempre fomenta la acción colectiva para combatirlo. ¿Debemos abogar por la transparencia de las actividades perjudiciales o por su prohibición?