“No es bueno que el hombre esté solo” (Gén 2,18): esta es la afirmación más importante sobre la realidad creada, parte de una novedad grandiosa en el plan de Dios. Nos aparece una criatura que parece que no ha sido creada bien: el ser humano necesita ser acompañado. Esta realidad indica una indigencia en el hombre. El hombre no se basta a sí mismo. El hombre aislado, tomado de modo individual, es altamente imperfecto. Por eso, se puede decir que “estállamado a”, ha sido creado para una perfección que necesariamente tiene que recibir de otro. En esto consiste la compañía de la que se habla, porque nadie se acompaña a sí mismo. Como contraste a esta realidad, se constata que proliferan los libros de autoayuda que, en el fondo, como su mismo nombre indica, reflejan una profunda contradicción. Una persona que necesita ayuda de otros, pero, al final, solo tiene el triste recurso de autoayudarse. La ayuda que necesita no son recetas o fármacos, sino descubrir realmente un tipo acompañamiento que perfeccione su vida, que le lleve a un camino de mejora, en cierto modo, de perfección. Para eso hay que comprender bien en qué consiste esta indigencia. Podemos afirmar que la enfermedad mayor de nuestra época es la soledad. Aquí está la herida fundamental que el mundo actual causa en el hombre, pues se deja a las personas solas hasta el punto de ser incapaz de acompañarlas. Este es el motivo fundamental por el que el acompañamiento es una buena noticia para el hombre.