Este artículo analiza críticamente el enfoque de las políticas públicas que, bajo la etiqueta de “familiares”, continúan centrando sus acciones en sujetos individuales, fragmentando así el verdadero significado comunitario de la familia. A partir del análisis de datos demográficos y sociales —como el descenso de la fecundidad, el aumento de la soledad y los consumos problemáticos—, se expone el debilitamiento progresivo de los vínculos familiares como resultado de décadas de políticas que desatienden el rol estructural de la familia en la sociedad. Se presentan los modelos predominantes de política social (liberal, socialista y corporativo) y sus limitaciones al reducir la familia a una categoría funcional o afectiva sin reconocimiento institucional real. Frente a este panorama, se aboga por una transformación hacia una política de la familia, y no solo para la familia, que la reconozca como sujeto activo y relacional, esencial para el desarrollo del capital humano y social. El artículo propone, en línea con autores como Donati y Camps, un modelo de política familiar sustentado en la subsidiariedad, el bien relacional, y la promoción de las funciones sociales indelegables de la familia. Esta perspectiva busca articular vínculos intergeneracionales, responsabilidad pública y reconocimiento cultural, apuntando a una reconstrucción del tejido social desde la familia como núcleo generador de sentido, afecto y bienestar colectivo.