Josef Ratzinger entiende a las Personas divinas a partir de las relaciones que constituyen su identidad. Así, el Padre es enteramente un ser-para, el Hijo un sera-partir-de o ser-desde y el Espíritu Santo un ser-con. Estas relaciones no son simples características añadidas, sino que expresan la comunión esencial y eterna de Dios. En este sentido, el verdadero Dios es, en su misma esencia, donación, recepción y comunión. El ser humano, imago Dei, es sí mismo en plenitud en la medida que se cumple en él ‘el patrón trinitario fundamental’ (para, desde, con) y la familia es un ámbito realmente importante donde se puede instanciar este patrón y comprender así su fundamento, su dinámica y su vocación.