El estilo frenético de nuestro tiempo nos adentra en una vorágine cultural de la inmediatez. Todo lo queremos aquí, ahora y ya. Ante esta realidad corremos el riesgo a perder de vista las bases y fundamentos de lo que hacemos y porque lo hacemos, más bien, de quienes somos y que hacemos desde quienes somos. Si trasladamos esta tendencia global al ámbito de la educación notaremos una gran incompatibilidad. La educación conlleva tiempo, esfuerzo ymadurez. Con las mejores intenciones para innovar podría difuminarse la naturaleza de nuestro ser y quehacer educativo. Entre estos motivos presentamos algunas nociones generales sobre tres realidades cotidianas y esenciales en la vida del ser personal: educación, amor y familia. El camino comprende unas breves e iniciales reflexiones en torno a las tres relaciones en cuestión (educación-amor, amor-familia y educación-familia), con el fin de antojarel fascinante encuentro en la educación de los amores y vínculos familiares. Finalmente, las reflexiones propuestas nos invitan a comprender mejor tres realidades que animan grandes posibilidades en una mirada que apunta al valor de su unidad. Armonizar tiempos de información con tiempos de formación nos dará una mayor claridad en nuestras bases y puntos de partida para, desde ahí, entablar un diálogo fecundo que apunte la conversación hacia miras más altas, grandiosas posibilidades de crecimiento personal e interpersonal.