A Coruña, España
Los procesos electorales democráticos se sustentan en la libre formación de la opinión pú-blica, basada en información veraz, plural y contrastada, y expresada libremente mediante el voto. Sin embargo, en un entorno donde resulta cada vez más difícil discernir entre información veraz y desin-formación, y donde las redes sociales están reemplazando a los medios de comunicación tradicionales como fuentes informativas, surge la interrogante de si la formación de la opinión pública continúa siendo verdaderamente libre. Esta preocupación se intensifica con el avance de la inteligencia artificial, que per-mite difuminar la verdad y condicionar la libertad de elección mediante deepfakes, propaganda compu-tacional y segmentación algorítmica, planteando un nuevo desafío para el cual nuestro sistema electoral podría no estar adecuadamente preparado.
Os procesos electorais democráticos susténtanse na libre formación da opinión pública, basea-da en información veraz, plural e contrastada, e expresada libremente mediante o voto. Non obstante, nun ámbito onde resulta cada vez máis difícil discernir entre información veraz e desinformación, e onde as redes sociais están a substituír os medios de comunicación tradicionais como fontes informativas, xorde a interrogante de se a formación da opinión pública continúa sendo verdadeiramente libre. Esta preocupación intensifícase co avance da intelixencia artificial, que permite esvaecer a verdade e condicio-nar a liberdade de elección mediante deepfakes, propaganda computacional e segmentación algorítmica, presentando un novo desafío para o cal o noso sistema electoral podería non estar axeitadamente pre-parado.
Democratic electoral processes are grounded in the free formation of public opinion, based on truthful, pluralistic, and verified information, and freely expressed through voting. However, in an envi-ronment where it is increasingly difficult to discern between truthful information and disinformation, and where social networks are replacing traditional media as sources of information, the question arises as to whether the formation of public opinion continues to be truly free. This concern is intensified by the advancement of artificial intelligence, which allows the truth to be blurred and the freedom of choice to be conditioned through deepfakes, computational propaganda, and algorithmic segmentation, posing a new challenge for which our electoral system might not be adequately prepared.