La confrontación simbólica que estructura el ideario de la nueva extrema derecha, con la identidad como operador central, supone un formidable desafío a las democracias liberales, que deben contener su avance electoral, desarticular la eficacia de su estrategia simbólica y desmontar la falacia de sus propuestas económicas. Esto requiere una respuesta multidimensional y coordinada que combine la defensa incondicional de los principios democráticos con la construcción activa de identidades inclusivas y una lucha proactiva y constante contra la desinformación. También requiere una profunda reflexión -autocrítica-sobre las causas estructurales del malestar social y económico que alimenta el discurso identitario, revisando postulados nucleares del actual modelo de gobernanza económica.