Las empresas españolas y europeas se enfrentan al reto de evitar que Europa se quede atrás respecto a EE.UU. y China. Igualmente deben afrontar los desafíos de competitividad del nuevo entorno geopolítico actual, superando las barreras que frenan su desarrollo y capacidad tecnológica. La complejidad geopolítica, el riesgo general del entorno global y las debilidades y vulnerabilidades de Europa son tales que la única prioridad viable para mantener nuestro estilo de vida es recuperar la competitividad y la productividad, ya que todo lo demás depende de estas dos variables. Sin una mayor competitividad no se puede contener la polarización, el extremismo y el nacionalismo autoritario.