La educación financiera –entendida como el conjunto de conocimientos y habilidades para entender y gestionar las finanzas personales– se ha vuelto imprescindible en las sociedades modernas. Sin embargo, una proporción significativa de jóvenes carece de nociones financieras básicas, lo que se ha vinculado con errores en la toma de decisiones económicas y menor acumulación de riqueza en la vida adulta. En respuesta a este desafío, muchos países han incorporado la educación financiera en los planes de estudio escolares. El programa internacional PISA de la OCDE, que evalúa a estudiantes de 15 años, incluye un módulo de cultura financiera para medir estos conocimientos a nivel global. Los resultados de PISA revelan grandes brechas entre estudiantes, asociadas a factores socioeconómicos y académicos previamente identificados (nivel socioeconómico familiar, educación de los padres, género, estatus migratorio, calidad de la escuela y exposición a instrucción financiera). No obstante, hasta ahora estos factores se han analizado de forma aislada. Este artículo propone un marco integrado para mapear la “desventaja” en educación financiera adolescente, distinguiendo tres vías complementarias: la desventaja cognitiva, la estructural y la situacional.