Miguel Ángel González Simón
La industria europea de defensa se caracteriza por una elevada fragmentación y una reducida colaboración en el gasto de innovación entre los Estados miembros. Una mayor integración del sector podría aumentar la capacidad productiva sin aumentar el gasto total mediante el aprovechamiento de economías de escala por acceso a un mercado más grande, y por las transferencias tecnológicas derivadas de una mayor colaboración. Esta estrategia es especialmente relevante en un contexto de limitaciones fiscales, emergiendo como una vía adicional para reforzar la autonomía estratégica. Primero, porque la fragmentación actual supondría un coste de oportunidad del 22 % sobre el crecimiento de la producción observada entre 2021 y 2022 (en torno a 46.000 millones de euros). Segundo, este potencial incremento de la producción se concentraría en los países con mayor capacidad industrial, pero todos los países saldrían beneficiados porque movilizaría las capacidades industriales hacia un tejido productivo más competitivo. La materialización de estos beneficios requiere el establecimiento de incentivos suficientes para la colaboración entre los Estados miembros.