El extractivismo inmobiliario ha buscado expandir sus nichos de inversión hacia nuevos territorios para introducirlos en las lógicas del capital; territorios con bienes naturales están constantemente al asecho, como médanos, playas, humedales y bosques, incrementando la vulnerabilidad de muchas poblaciones. Tal es el caso de Jilotzingo, municipio pequeño en los bordes de la Zona Metropolitana del Valle de México, cuyas características biogeográficas han generado el interés de las inmobiliarias para imponer desarrollos de diversa índole, con afectaciones socioambientales profundas.