Los medios de comunicación han cumplido su misión de «vender la guerra» siempre que desde el poder se le ha exigido hacerlo. No dudaron en Yugoslavia, en Irak, en Afganistán y en todas las ocasiones en que nuestros Gobiernos han sido llamados a rebato por el de Estados Unidos y la OTAN. Sin embargo, ha sido en la guerra de Ucrania donde su eficacia ha superado los casos anteriores. Una mezcla de ausencias históricas, falta de contexto, prohibición de los medios del otro lado, silenciamiento de los díscolos, mentiras sobre los combates y una unánime docilidad política ha permitido que superemos todos los límites de la complicidad con el crimen. Año y medio después, estamos a tiempo de rectificar y entrar en el terreno de la decencia levantándonos contra esta guerra.