En muchas organizaciones, la gestión del talento se enfrenta a un problema menos visible, pero profundamente arraigado: el desajuste entre una cultura organizativa tradicional y las necesidades reales de desarrollo del potencial humano. Esta disonancia impide que las personas crezcan, innoven y se comprometan genuinamente con el proyecto empresarial. La gestión del talento debería entenderse como un proceso estratégico, continuo y bidireccional, que no solo identifica capacidades, sino que las cultiva en consonancia con los objetivos de la organización y las aspiraciones individuales.