Hasta finales del año pasado, la economía de EE. UU. mostraba un desempeño sólido, con crecimiento robusto, inflación moderada y bajo desempleo. Sin embargo, las recientes políticas de la nueva Administración han provocado un fuerte shock negativo. Los nuevos aranceles reducen los ingresos de los hogares, el consumo, la inversión y los márgenes empresariales, afectando también a la innovación a largo plazo. La incertidumbre ha crecido por el modo errático de aplicar estas medidas, impactando negativamente en la inversión y en el consumo de bienes duraderos. Además, decisiones como la posible imposición a tenedores extranjeros de bonos, la deportación de inmigrantes, los despidos en el gobierno, la erosión del Estado de derecho y las tensiones con aliados han deteriorado el clima económico y la confianza global. Todo ello ha provocado reacciones negativas en los mercados financieros y un aumento del riesgo de estanflación, o incluso de una crisis más grave si no se corrige el rumbo actual.