Tras una intensa campaña y una fuerte movilización popular, el Tratado por el que se establece una Constitución para Europa fue rechazado por los franceses en referéndum el 29 de mayo de 2005. Las instituciones permitieron entonces al presidente Nicolas Sarkozy ignorar este voto y aprobar un texto gemelo: el Tratado de Lisboa. Subestimada en su momento, esta negación de la democracia marca sin embargo un punto de inflexión en la vida pública francesa.