El IVA se ha consolidado como una de las principales fuentes de financiación en los sistemas fiscales internacionales. Su capacidad recaudatoria ha sido una de las claves de su éxito. No obstante, como sucede con otros impuestos indirectos, el IVA presenta un desafío en cuanto a su impacto distributivo, especialmente en países con altos niveles de desigualdad económica. Su carácter regresivo, es decir, la mayor carga que impone a los hogares de menores ingresos constituye una de las principales críticas que recibe este tributo. Para abordar los efectos regresivos del IVA, los países han optado mayoritariamente por la introducción de tipos reducidos para ciertos bienes y servicios esenciales. Sin embargo, esta medida ha demostrado ser ineficaz desde un punto de vista distributivo, ya que beneficia desproporcionadamente a los hogares de mayores ingresos, que consumen más, y reduce la recaudación tributaria de manera significativa. La eliminación de estos tipos reducidos y la implementación de un tipo único general es una de las propuestas debatidas en la actualidad.