Desde las desiertos hasta las fosas submarinas, la actividad industrial está afectando poco a poco a todo el planeta. Ni siquiera los tesoros ecológicos más aislados se salvan. Es el caso de Saya de Malha, una meseta marina situada en medio del océano Índico. Un ecosistema gigantesco, crucial y frágil a la vez, amenazado tanto por las redes de arrastre como por los proyectos mineros.