Madrid, España
El uso de la inteligencia artificial (IA) en las campañas electorales está transformando significativamente el panorama político y democrático. La IA ha introducido nuevas dinámicas en los procesos electorales, impactando en la manera en que se realizan las campañas lo que puede suponer una amenaza para la integridad de los sistemas democráticos.
Las innovaciones tecnológicas afectan la manera en que se gestionan y ejecutan las campañas electorales. Desde los medios tradicionales como la radio, la televisión y el cine, hasta las plataformas digitales, la evolución tecnológica ha permitido una mayor personalización y efectividad en la comunicación política. La IA facilita el análisis de grandes volúmenes de datos, permitiendo campañas altamente segmentadas y personalizadas.
Al mismo tiempo, las amenazas tecnológicas son una preocupación creciente para la democracia. La manipulación de datos, la creación de perfiles falsos y los ataques cibernéticos son algunos de los riesgos que enfrentan los procesos electorales. Estas prácticas pueden afectar la transparencia y equidad de las elecciones, comprometiendo principios básicos como la libertad del voto. La digitalización amplifica tanto la información como la desinformación. La propaganda política se ha sofisticado, utilizando técnicas de IA para crear y difundir contenido desinformativo de manera más efectiva. Este fenómeno contribuye a la fragmentación y polarización de la opinión pública, y puede erosionar la confianza en el proceso democrático y las instituciones.
La IA se utiliza para mejorar la capacidad de persuasión o disuasión de los partidos políticos y candidatos. Permite la creación de estrategias de comunicación más sofisticadas y la optimización de los recursos electorales.
Sin embargo, también plantea desafíos éticos y prácticos, como la manipulación de la realidad a través de deepfakes y la segmentación extrema del electorado.
Las respuestas a los desafíos planteados por la IA en el ámbito electoral han sido diversas. Algunas plataformas tecnológicas han adoptado medidas de autorregulación, como la etiquetación de contenido generado por IA. Sin embargo, la autorregulación ha sido insuficiente, y se requiere una respuesta legislativa más sólida para proteger la integridad de los procesos electorales. En algunos países, ya se han implementado leyes que prohíben el uso de deepfakes en campañas electorales.
La IA ofrece tanto oportunidades como riesgos, y su impacto en la democracia depende de cómo se gestionen sus aplicaciones y se mitiguen sus efectos negativos. Es crucial establecer un marco regulatorio nacional e internacional claro que abarque el uso de la IA en campañas electorales.
Este marco debe garantizar la transparencia, equidad y protección de los derechos electorales. La colaboración entre gobiernos, instituciones electorales, empresas tecnológicas y la sociedad civil es esencial para preservar la integridad y legitimidad de los procesos democráticos en la era digital.
Summary: 1. Electoral technology and its use in campaigning; 2. The technological threat; 3. The digitalization of electoral information (and disinformation); 4. Uses of AI in election campaigns; 5. First responses. 5.1 Self-regulation, 5.2 Legislative response, 5.3 Electoral bodies, 6. Conclusions The use of artificial intelligence (AI) in election campaigns is significantly transforming the political and democratic landscape. AI has introduced new dynamics into electoral processes, impacting the way campaigns are conducted, which can pose a threat to the integrity of democratic systems. Technological innovations affect the way election campaigns are managed and executed. From traditional media such as radio, television and film, to digital platforms, technological evolution has enabled greater persona- lization and effectiveness in political communication. AI facilitates the analysis of large volumes of data, enabling highly segmented and personalized campaigns.
At the same time, technological threats are a growing concern for democracy. Data manipulation, false profiling and cyber-attacks are some of the risks faced by electoral processes. These practices can affect the transparency and fairness of elections, compromising basic principles such as the freedom to vote. Digitalization amplifies both information and disinformation. Political propaganda has become more sophisticated, using AI techniques to create and disseminate disinformative content more effectively. This phenomenon contributes to the fragmentation and polarization of public opinion and can erode trust in the democratic process and institutions.
AI is used to improve the persuasiveness and determent of political parties and candidates. It allows the creation of more sophisticated communication strategies and the optimization of electoral resources. However, it also poses ethical and practical challenges, such as manipulation of reality through deepfakes and extreme segmentation of the electorate.
Responses to the challenges posed by AI in the electoral field have been diverse. Some technology platforms have adopted self-regulatory measures, such as tagging AI-generated content. However, self-regulation has proved to be insufficient, and a more robust legislative response is required to protect the integrity of electoral processes. In some countries, laws prohibiting the use of deepfakes in election campaigns have already been implemented.
AI offers both opportunities and risks, and its impact on democracy de- pends on how its applications are managed and its negative effects mitigated. It is crucial to establish clear national and international regulatory framework covering the use of AI in electoral campaigns. This framework must ensure transparency, fairness and protection of electoral rights. Collaboration between governments, electoral institutions, technology companies and civil society is essential to preserve the integrity and legitimacy of democratic processes in the digital era.