El primer ministro saliente de Canadá, Justin Trudeau, ha conseguido un consenso parlamentario para actualizar la ley sobre las lenguas oficiales, ideada por su padre en 1969. Pierre Elliott Trudeau luchaba entonces contra la aspiración independentista de los quebequenses prometiéndoles un país más grande y bilingüe. Pero, a falta de un marco territorial claro, el reconocimiento de derechos lingüísticos individuales afianzó una asimetría entre el inglés y el francés. Y hoy, sobre este último sigue pesando la amenaza del declive.