El confinamiento de la primavera de 2020 constituye una de las experiencias humanas más impactantes y menos debatidas de los últimos años. Frente al virus, muchos Estados se negaron a decretar el confinamiento estricto impuesto a los italianos o a los españoles, sin que aumentara por ello la mortalidad. ¿Impidió realmente la dureza de las medidas adoptadas un avance letal de la covid-19? ¿Por qué una parte de la población francesa, habitualmente crítica con la represión policial y sensible a cuanto vulnere el Estado de derecho, aceptó esta vez su suspensión? Proponer estas cuestiones es una invitación a reflexionar sobre lo que implica suspender el Estado de derecho, incluso en nombre de políticas de protección sanitaria.