Pueden señalarse dos peligros nuevos muy característicos del mundo de hoy. El primero y más palpable es el propio tamaño de la humanidad: más de 8.000 millones de cuerpos humanos vivos, amplificados por su parafernalia tecnológica, que comen, beben, producen artefactos y generan residuos en la superficie de una cuasi-esfera de 40.000 km de circunferencia. El segundo es la vulnerabilidad de raíz tecnológica. Algunos aspectos de esta vulnerabilidad, como la dependencia industrial o la inseguridad informática, son bien conocidos y tratados. Pero hay otros que trascienden ampliamente el ámbito digital e incluso el económico, para alterar la vida de multitud de seres humanos en sus aspectos más íntimos. Estos dos nuevos peligros destacan, además, por su capacidad para amplificar los antiguos males de la pobreza, la desigualdad, la violencia o la injusticia en todas sus formas.