Existe un amplio catálogo de elementos que desafían a la gobernanza global, que van desde tendencias suicidas de algunos gobiernos encarnadas en cierto espíritu autolítico, a intereses espurios de casi todos los actores globales entre los que predominan los intereses económicos privativos, el poder individual frente a los intereses colectivos, así como situaciones de explotación frente a valores de cooperación. Causa una especial preocupación la inclinación hacia la polarización y el fascismo que se está produciendo, con una amplificación del discurso del odio -con victimismos entrelazados- y abuso y malos usos de las redes sociales con respecto a su incidencia en el aumento de la desinformación y la difusión de falsedades.